domingo, 21 de enero de 2018

¡Hay en marcha un certamen de microrrelatos de terror! 

Me he animado a participar:

«La morgue»

 Empujaba la camilla por el solitario pasillo, las ruedas chirriaban. El inerte cuerpo cubierto con la blanca sabana titilaba. Menudo estreno, su primer turno de noche y ya inauguraba el peor destino del hospital, las tétricas cámaras frigoríficas del depósito de cadáveres. Tomó el ascensor, introdujo la camilla que rebotó en el pequeño escalón del suelo, el desnudo brazo del fallecido se deslizó y quedo colgando. Se quedó mirando con desasosiego la escena mientras descendía, la apertura de las puertas le sobresaltaron. Con el miembro suspendido la camilla no salía por el umbral, agarró temeroso el antebrazo, aún caliente, y lo colocó sobre el lecho. Salió, las puertas del elevador se cerraron, el sótano quedó a oscuras. Buscó a tientas el interruptor y lo accionó, el difunto estaba sentado. Permaneció aterrorizado, pálido y con el corazón a mil, la sábana resbaló y su compañero gritó sonriendo: «novatada».


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